miércoles, 10 de septiembre de 2008

REGRESA EL BHANGRA

El bhangra, música tradicional de los campesinos del Punjab, regresa a su tierra de origen y es el orgullo de la juventud india.

Del equipo de música sale la voz de Bruce Springsteen cantando a grito pelado su Born in the Usa. Alguien ha subido los bajos y la sala vibra como un corazón gigante. Algunas parejas bailan. “¡A disfrutaaaar!” grita una joven ligeramente bebida. No se lo dice a nadie en concreto ni tampoco nadie le presta atención. Estoy en una fiesta de estudiantes. Quizás celebren el final del trimestre o un cumpleaños. ¿Qué más da? “¡A disfrutaaaar!”
Es casi medianoche en este barrio residencial del sur de Delhi y la fiesta está en su apogeo. Hasta ahora sólo se han oído canciones en inglés —Madonna, Michael Jackson, Pink Floyd, y muchos más que no conozco ni quiero conocer. De repente, a alguien se le ocurre que ha llegado el momento de pasarlo realmente bien. Se pone una nueva casete. Con los primeros compases, un rugido colectivo invade la sala. Es Daler Mehndi, el sij con ritmo, el indiscutible rey del pop bhangra. Sube la adrenalina y todos se lanzan a la pista de baile. Durante unas horas sólo se oye indipop, y sobre todo bhangra.
Qué vueltas da la vida. Durante los años ochenta e incluso a principios de los noventa, se consideraba indigno admitir en público que uno escuchaba música hindi, o peor aún, punjabí. A Gurdas Mann, la primera estrella bhangra de los años ochenta que vuelve a estar de moda, sólo lo escuchaban los chicos de clase obrera, los tenderos aburridos y los camioneros. En el instituto elitista St. Stephens sólo se oía a músicos como Michael Jackson.
Los tiempos han cambiado. Los chicos de 13 a 23 años, en los que las compañías discográficas invierten millones, se han vuelto patrióticos. “Me siento orgulloso de esta música”, afirma un fan de bhangra, “¡Me hace sentirme tan indio!” Esta generación de jóvenes, hastiada de todo, tenía poco más de 10 años cuando la India emprendió la reforma económica. En la década siguiente, se sucedieron cinco gobiernos, que representaron casi todo el espectro político del país. Excepto el ala izquierdista, bastante debilitada, los demás coincidieron de forma sorprendente en apostar por la globalización. Las grandes empresas, apoyadas por numerosos intelectuales liberales, fomentaron la liberalización de la economía. El paisaje urbano de la India se ha transformado por completo. También se aprecian cambios en numerosas zonas rurales, en particular en el agrícola Punjab.
Devastado por la partición de la India en 1947, el Punjab sufrió las mayores migraciones en masa de la historia: millones de hindúes y de sijs se desplazaron a la India y otros tantos musulmanes fueron a Pakistán. Durante más de veinte años, trabajaron duro; muchos lograron ascender en la escala social, gracias a la revolución verde. Además de la importante migración al Reino Unido que siguió a la partición, hoy día numerosos jóvenes punjabís siguen expatriándose a ese país, pero también a Estados Unidos, Canadá y otras tierras lejanas. Envían a la India una parte del dinero que ganan en el extranjero. Las ciudades están llenas de coches último modelo, de modernos equipos audiovisuales, de McDonalds y de antenas parabólicas, en los barrios ricos como en los pobres. Hasta los pueblos disponen de cajeros automáticos y todo el mundo lleva zapatillas Nike, gafas de sol Ray Ban y camisetas Benetton. La mitad son falsos, pero ¿qué más da? La polarización entre ricos y pobres es incluso mayor que antes pero, realmente, ¿a quién le importa? ¡Es hora de disfrutar!
Lo paradójico del bhangra es que se impone como una peculiaridad india precisamente en la década en que sus adeptos se integran con entusiasmo en el mercado mundial. Todos los chicos de entre 13 y 23 años, reyes del consumismo, dirán lo mismo: “Es nuestra música.” El éxito de la música india en el país de los blancos (el Reino Unido) — Apache Indian, Bally Sagoo, etc.— los enorgullece. “Ya no consumimos la cultura de otros. Ahora producimos la música que el mundo quiere escuchar.” Pero ¿acaso no surgió en Occidente el auge del bhangra antes de ser exportado a la India? “Sí, pero es indio, ¿entiendes? Esta música la componen nuestros chicos.”
Pero ¿por qué el bhangra? “Es muy bailable” me contestan. Pregunto si eso no es una característica de la música tradicional en general. “Supongo que sí”. Sigue el silencio hasta que alguien, mayor, pregunta: “¿Se acuerda del dandiya?” (un tipo de música y baile popular del Gujarat, estado occidental de la India, que estuvo de moda en los años ochenta). “Eso sí era bailable”. Entonces ¿por qué ha sido destronado por el bhangra? “Es muy sencillo” me contesta. “Antes los emigrantes eran mayoritariamente gujjus (del Gujarat); hoy día los punjus (del Punjab) son los más numerosos, por lo tanto se impone su música.” En efecto, la explicación es sencilla. Quizás demasiado sencilla. ¿Por qué entonces no se escucha el gidda? Procede del Punjab y es tan bailable como el bhangra. “La razón es también muy sencilla. El gidda es música de mujeres. ¿Cómo lo van a cantar o bailar los hombres?” Pero el bhangra ¿no es demasiado masculino?; lo cantan los hombres. “Efectivamente. El bhangra es música de hombres. Por lo tanto, cualquiera puede bailarlo.” Sí, ya veo, supongo que en el fondo todo es muy sencillo.
Un amigo punjabí, apasionado por la música local, me da otra explicación: “Todo es cuestión de identificación. La gente asocia el bhangra con la cultura del Punjab porque las películas hindi recurren mucho más al bhangra que a cualquier otra forma de música popular punjabí. Entonces se acaba creyendo que el bhangra es la única música típica del Punjab. La mayor parte de lo que se oye hoy en día no tiene nada que ver con el auténtico bhangra, pero se cree que lo es por el uso del dhol (un instrumento de percusión de dos caras que se cuelga del hombro). Cualquier música a base de dhol y de balle balle (un grito que expresa alegría) o de kudiye (muchacha en Punjabí) se considera bhangra.” Entonces, ¿qué es el llamado bhangra actual?, pregunto. “En la mayoría de los casos, no es más que kitsch. Se mezcla un poco de esto y de lo otro hasta encontrar la fórmula adecuada. A partir de ahí, lo que se oye no son más que variaciones de lo mismo.” Obvia decir que las compañías discográficas ganan con ello muchísimo dinero.
¿Quién lo diría? Una gran parte del bhangra que escuchamos en realidad no es bhangra. “¿Qué más da?” me dice una chica de 18 años. “Es música india y entendemos la letra. No como las canciones en inglés en las que sólo se entiende una palabra que otra.” Pero, ¿cuánta gente entiende lo que dice el rey del bhangra-pop, Daler Mehndi, en sus escasas letras? “La gente no presta atención” contesta ella. “Daler Mehndi tiene canciones preciosas. Con una gran carga filosófica.” Ante mi escepticismo, prosigue: “Sí, con carga filosófica. En una canción compara el amor con un hilo que se va enrollando en una rueda…” Recita los versos en punjabí. Debo reconocer que son hermosos. Pero el lenguaje no es fácil de entender. “Claro, porque es tradicional. Mi abuela me lo explicó” reconoce mi joven amiga. Esto resulta interesante. ¿Qué piensa la abuela de todo esto? “Bueno, le divierte. Nunca se imaginó que este tipo de canciones se oirían en las discotecas.” ¿No se sentirá ofendida? “En verdad, no. Dice que vivimos en la era del dólar y que la gente vendería hasta a su madre con tal de ganar algún dinero.” ¿Pero le agrada esta situación? “Supongo que no le fastidia demasiado porque me sirve para aprender algo de punjabí. Yo nunca estuve en el Punjab …”
El bhangra está de vuelta. Los vigorosos campesinos del Punjab lo crearon para celebrar las cosechas, las bodas y otros alegres acontecimientos. Los nietos emigrantes lo exportaron a Occidente. Allí se mezcló con el rap y el reggae de los barrios pobres, así como con la música de las películas hindi. Una vez reinventado, las grandes compañías discográficas lo exportaron de nuevo a la India, realizando importantes beneficios. Hoy día en la India, el bhangra permite a los niños ricos descubrir su propio patrimonio rural. Obviamente, el bhangra de hoy no tiene nada que ver con el de los campesinos que lo crearon. Pero ¿qué más da? “¡Es hora de disfrutar!”

1 comentario:

tefita dijo...

Me encanto todos los conocimientos que ustedes exponen en esta pagina sobre el Bhangra, me interesa mucho ya que en estos momentos me encuentro tomando clases de Bhangra y me siento muy feliz ,aunque ha sido muy duro por que se maneja mucha fuerza, corrdinación y carisma .